
Y el exorcismo se llevo a cabo. Si, este llego a su fin en el momento en que supe de ti. Y es que todas las cosas son relativas. Por algo Einstein dedico tantos esfuerzos y tanto de su tiempo para desarrollar una teoría que llegase a explicar situaciones dentro del campo físico. No sé si al mismo tiempo se dio cuenta de la utilidad de esta misma teoría dentro del campo de las relaciones interpersonales pero, bien que se puede aplicar. En fin, todo es relativo.
Hace un mes, quizás más, quizás menos, yo estaba deshecho moral, espiritual y sentimentalmente por alguien que, yo pensaba, se había alejado de mí por el simple hecho de no amarme. Había llegado a pensar muchas cosas: que yo no fui suficiente para ella, que nunca la complací en lo que ella deseaba a su lado como pareja, que me había usado, que yo era un perdedor y que mi suerte era un tipo de bailarina que se acercaba a mí y, un segundo después, se alejaba dejándome muchas dudas sobre que tan buena compañía soy. Llegue a pensar de todo.
Eso es normal, dirán algunos. Cuando uno ama, ese tipo de pensamientos es algo muy común. Hasta llegue a abrir este blog para desahogarme y escribir algunas cosas que me parecían interesantes. Pero, el ser humano a veces cae en depresiones, en sensaciones indeseadas y pronto terminé por darme cuenta de que no llegaba muy lejos al colocar mis desgracias personales en esta página. Eso lo pensé hasta hace unos días.
Y es que mi exorcismo se llevo a cabo de la manera más inverosímil. Casi se puede llegar a decir que se dio sin querer, sin pensar y sin darme cuenta de ello.
Y es que hace unos días la encontré de nuevo. Encontré su voz, su presencia, su luz. Era ella, sin lugar a dudas. Era la mujer más bella que he visto en toda mi vida. Pero, algo había cambiado. Ya no era la misma.
Por alguna razón, su humor estaba muy diferente, su voz no hablaba de amor, de paz, de aves, de Steve Mc Queen, de House, de flores, de Paris, de Colette, de los gatos, de la pasión. No, no hablaba sobre nada de eso.
Por alguna razón, su voz solo hablaba de rabia, solo expresaba eso, solo estaba llena de resentimiento, de una ira que, sinceramente, no me esperaba. Y es que yo pensaba que yo era el único que sufría en todo esto. En todo momento estuve pensando: “el que se va, no tiene razón para sufrir”. Me equivoque. Ella dio el primer paso, es cierto, ella me dijo que debíamos terminar. Yo di el segundo paso, me alejé ya que no podía soportar no estar a su lado, no verla conmigo, imaginarme una vida alejado del que considero un ser maravilloso. ¿Cómo no verme como un pelele al haber perdido a alguien así?
Y llegue a pensar que ella estaría muy bien, que estaría feliz, viviendo su vida, que estaría llena de alegrías y sueños y esperanzas y flores y Paris y aves y hámsteres y tucanes y estrellas y música. Y de amor. De un amor que yo no le estaría brindando porque, lo mas probable sería que, ella debía estar con alguien que la amaría. Me equivoque.
En su voz ya no hay felicidad, en su voz ya no hay paz. En su voz sólo hay rencor. Y lo entiendo, lo comprendo. ¿Cómo no odiarme? Aparezco en su vida de nuevo, después de mes y medio en el que estuve desaparecido y no le escribí o llame para saber como estaba. Sé que ella no lo hizo pero, como en un baile, ambos dimos ese paso: el alejamiento.
No hablaré de culpables, de por que llegamos a esto. No hablaré de por que la extrañé tanto, no hablaré de cómo sentía que cada día que pasaba era una tortura. No hablaré de cómo llore por dentro todos estos días por su ausencia. No hablaré de cómo extrañaba sus llamadas cerca de las 12 de la noche, de ese sisear que tiene tu voz, de lo dulce de su tono, de lo mucho que extrañé su mirada al sonreír. No hablaré de cómo sentía pasión en todo lo que hacía y cómo, de la manera más silenciosa que podía, la admiraba. No hablaré de eso o de muchas otras cosas.
Voy a hablar sobre cómo no me siento feliz al ver que ella se ha encerrado en si misma, en cómo me duele muchísimo ver que me detesta y que no desea saber de mí porque, para ella, soy alguien que solo la utilizó. Vaya, ahí esta un poco el lado irónico de todo esto porque yo pensaba lo mismo y también estuve encerrado en el odio que me generó el ver que ella estaba bien y ya no deseaba estar más a mi lado. Tal vez sea una adicción pero, sólo con saber de ella, sólo con escucharla, mi vida volvió a llenarse de alegría, de esperanzas. Aunque sólo fuese parcialmente.
Por lo pronto, si me lo preguntan, los objetivos han cambiado mucho. Siento que mi prioridad ahora está dividida entre demostrarle que no soy el patán que piensa que soy y, por otra parte, enseñarle un lado bueno, sacarle alguna sonrisa, hacer que su corazón vuelva a latir de pasión, no por mí, sino de alegría. Yo sé que ella no volverá a estar conmigo. Supongo que ese es mi destino, supongo que yo lo escribí al haberme alejado ese mes y medio. Pero, siento que por ahora lo que debo hacer es volver a demostrarle que no todo el mundo es como ella piensa. Qué sí, que el mundo es una porquería pero, aún así, merece una oportunidad.
Ella es una gran persona y sé que ahora no desea saber de nadie, que no desea saber de nada pero yo deseo ayudar, apoyarla, demostrarle que aunque estuve un mes y medio sin saber de ella y ella no supo de mi, nunca, ni un solo día, dejé de pensar en ella, de tenerla dentro de mi… porque, aunque me duela admitirlo ya que sé cuál es mi destino, aún la amo… la amo muchísimo…


